Gregorio Condori Mamani y
Asunta Quispe Huamán

fotos by Eulogio Nishiyama

ANDEAN LIVES (extractos)

 


PORQUE SUFRIMOS?

AEROPLANOS Y OTRAS BESTIAS

INCAS Y ESPANOLES

CUENTOS DE LA CARCEL

ROSA

NOSOTROS LOS CARGADORES


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PORQUE SUFRIMOS?

Así, me fui, de noche, de Sicuani con dirección a San Pablo, por el canto del río Huillcamayo, no por el camino, por temor de encontrarme con este diablo. En el trayecto me encontré con un hombre y una mujer que habían estado truchando, así de noche. Creo que ellos se asustaron, aunque yo también me asusté mucho. Entre asustado y asustado, temblando, me acerqué a ellos:

--¿Eres de esta vida o de la otra vida?--me dijo el hombre.

--Soy de esta vida, --contesté.

--¿Quién eres y a dónde vas?--Me volvió a preguntar.

--Así estoy caminando, no tengo padre.

Ellos eran runas no más, como yo, de buen corazón, porque me dijeron:

--¿Quisieras irte con nosotros?

Me dieron su fiambre sacando de su atadito. Sólo eso comí. Así regresamos a Sicuani. Yo dije en mis adentros: como ya tengo otro patrón, ese diablo no me buscará. De Sicuani nos fuimos con este Gumercindo Qhuru--así se llamaba--a la tierra de su mujer, al ayllu de Ariza. Aquí ellos eran de buen corazón y alma limpia. No sé, así será mi suerte. Como he andado de casa en casa, desde la vez que vi la luz del día, haciendo renegar a nuestro Dios; será así la suerte de los que hemos sido arrojados a este mundo para sufrir. De esa manera--dice--los pobres curamos las heridas de Dios que está lleno de llagas, y cuando estas heridas estén totalmente curadas, el sufrimiento desaparecerá de este mundo. Eso nos dijo una vez en el cuartel, un cabo que era del lado de Paruro y nosotros los soldados le dijimos:

--Cómo, carajo, cuán grandes son esas heridas que, con tanto sufrimiento, no desaparecen. Ni que fuera mata caballo.--Y él nos respondió:

--No sean herejes, !carajo!!Ya Cuatro últimos! formarse

Así fue.

Ahora, recordando, digo que hay más sufrimiento que antes. Esta vida ya no es para aguantar. Esta vida está más pesada que la carga en mis espaldas. Cuando los días y los años pasan, esta espalda siente más la carga. Así está la vida. En mi ignorancia digo, si las llagas de este Dios son causa para tanto sufrimiento, para cuatro días de vida... ¿Por qué no se le busca y se le cura?. Así le dije a mi mujer hace años y ella me respondió:
--Dice, para eso, los extranjeros han ido en avión a la Mama Killa.

Y como para eso, todos esos días, en las calles hablaban de que los gringos caminando una semana en avión, habían llegado a la Mama Killa. Pero yo creo que eso es habladuría.





AEROPLANOS Y OTRAS BESTIAS

Un día, en tiempo de la era, nosotros estábamos trabajando entre doscientos a trescientos hombres, y en eso por detrás del cerro Silquincha, apareció un pájaro grande, parecido al cóndor, gritando como condenado. Y todos los que estábamos en la era nos asustamos. Ese rato me acordé de un cuento que narró una vez mi tío Gumercindo, que faltando unos días para el fin de este mundo va a venir un alqamari con cabeza de cóndor y pies de llama a avisarnos a los runas, familias del Inka, para esperar listos el fin de este mundo. Y mi tío dijo:

--El Inkarrey, que está viviendo ahora en el Ukhu pacha, desde la vez que lo mató el señor cura Pizarro, va a salir ese día del fin de este mundo en alcance de los runas.

Cuando el aeroplano avanzaba tomando dirección hacia nosotros,

dijeron:

--Este es Taytacha milagro, que viene hacia nosotros.

Y se pusieron de rodillas a rezar:

--¿Ay, taytay, habías llegado!

Al ver que realmente se venía en dirección hacia nosotros pense: "será, pues, taytacha milagro". Como todos, arrodillados, murmuraban de todo al taytacha aeroplano, también en mis adentros dije "Ay, taytay, yo no soy pecador, siempre he trabajado la chacra ayudando a mis padres". Y mientras decía esto el aeroplano se pasó ruidosamente por encima de nosotros. Entonces como el aeroplano se pasó y no bajó a nosotros todos los que estábamos rezando y otros que le contaban sus pecados, nos callamos y vimos que se perdió en dirección a Sicuani. Ahí el paqo Machaca dijo:

--Va a bajar en Sicuani, vamos a ver qué dirá, a qué habrá venido.

Unos cuantos se animaron para ir a Sicuani pero el resto seguíamos trabajando la era. Así, aquella vez, en todas partes la habladuría general era del aeroplano Enrique Rondán es su chofer decían También los paisanos de las alturas bajaron a preguntar si era cierto o no que un milagro había pasado por el alto.

También antes del tren hablaban como del avión. Pero yo antes de conocerlo. sólo escuchaba lo que hablaban

--El tren, el tren, ¿cómo será?

--Se arrastra como gusano.

Otros en cambio decían:

--Es animal de color negro puro fierro, parecido a la culebra, que para caminar abre su boca, donde tiene fuego. También había canciones del tren. cuando éste anareció como ésta Dónde está mi yana machu
ya está en Santa Rosa,
mi carreta,
ya está en Kisa- Kisa.
Si es que Rosalina
no me amas
Si es que Rosalina no me quieres,

que me trague el yana machu.
Como todo el mundo hablaba del tren, en mí también creció la curiosidad. Ya después, cuando fui ,jovencito, vi el tren en Sicuani. No me asusté pero casi grito al verlo; era cierto su color negro y que se parecía al gusano en su caminar. Más bien a mí me impresionó lo que jalaba mucha carga. Esa vez sólo en una de sus plataformas habían cargado cientos de cajones de alcohol "Martínez".

Así también vi por primera vez el carro, en San Pedro. El carro, creo que era un camión chiquito que sólo andaba con carga, porque la gente en esos tiempos andaba a pie, o en mulas, caballos o asnos; y los que viajaban en carro eran criticados. Decían:

--Claro: tiene plata, es rico, por eso anda en carro.

Así se observaban , y por esta razón la gente casi no quería viajar en carro.


INCAS Y ESPANOLES

Túpac Amaru era de Tungasuca, paisano, hijo de Inkas, pero un día esos enemigos españoles lo mataron. Le habían sacado su lengua, sus ojos, desde la raíz. Así lo habían matado a Túpac Amaru sus contrarios. Los contrarios de Túpac Amaru eran los mismos contrarios de nuestros abuelos, los Inkas. De Inkarrey, del tiempo de los abuelos, dicen esto:

Nuestro Dios había preguntado, caminando de pueblo en pueblo:

--¿Qué trabajo quieren que les dé?

A lo que Inkarrey había contestado:

--Nosotros no queremos ninguno de tus trabajos. Está en nuestras manos todo trabajo si queremos trabajar.

Así habían contestado:

--Nosotros hacemos caminar las piedras; con un solo hondazo. construímos montañas y valles. No necesitamos nada, sabemos de todo .

Bueno, este Dios había sido de dos caras y había ido donde el enemigo de nuestro antiguo abuelo Inka, a España, también a caminar de pueblo en pueblo. Y les había dicho:

--¿Qué quieren? Les voy a dar trabajo. Pídanme lo que quieran .

Mientras el Inka le había despreciado, aquí, en el pueblo de España, todos eran ambiciosos y le habían pedido de todo:

--Queremos esto, aquello,--diciendo.

Por eso ahora, nosotros los runas, no sabemos hacer caminar las máquinas, los carros, esos aparatos que caminan por lo alto como pájaros: helicópteros, aviones. No sabemos hacer ninguno de esos aparatos, pero esos españas son prácticos, saben de todo. Así un wiraqocha españa había inventado la luz, sólo mirando el agua, con unos vidrios inventó la luz del foco; ahora mismo, esta luz es del agua de Calca .

Así, pues, el Inka, nuestro Inkarrey fue sobrado y no quiso trabajo Pero esos españas, pidieron todo tipo de trabajos, "queremos nosotros", diciendo. Por eso ahora, ellos trabajan carros, maquinarias y ollas de fierro. Todo lo que nosotros no hacemos. Esto es porque a ellos, el propio Dios les dio esos trabajos y no como nosotros que despreciamos los dones de Dios.

Nosotros somos peruanos, indígenas, ellos eran inka runas, pero somos sus hijos por eso también mataron esos españas a Túpac Amaru .

Así como ahora hay monjas en el Convento Santa Teresa y en San Pedro, así dice había mujeres del Inka. Sacando a estas mujeres, estos españas se habían casado y ellas parieron sus hijos.

El Inka, cuando estos españas querían matarlo, había dicho:

--No me maten.

Y les hacia dar choclos de oro a sus caballos.

--Así les vamos a dar oro, pero no nos maten.

Bueno, ambicionando totalmente los españas habían matado a nuestro Inka. Los Inkas, no conocían papel, escritura, cuando el taytacha quería darles papel, ellos rechazaron; porque se enviaban noticias no en papeles sino en hilos de vicuña- para malas noticias eran hilos negros para buenas noticias eran hilos blancos. Estos hilos eran como libros, pero los españas no querían que existiesen y le habían dado al Inka un papel:

--Este papel habla,--diciendo.

--¿Dónde está que habla? Sonseras; quieren engañarme.

Y había botado el panel al suelo. El Inka no entendía de papeles !Y cómo el papel iba a hablar si no sabia leer? Así se hizo matar nuestro Inka. Desde esa vez ha desaparecido Inkarrey Los Inkas Huayna Ccapac, Inka Roca, eran sus tíos y el Inka Rumichaka era su hermano. A todos ellos habían matado los españas.

Pero ahora yo digo:

--,Qué dirían los españas, cuando vuelva nuestro Inka?

Así había sido la vida.



CUENTOS DE LA CARCEL

Así también, en eso de avisarnos cuentos todas las noches, escuché de otro preso contar de la Pachamama. Yo no sé en qué, tiempo todavía nuestro Taytacha había ordenado para que de una sola planta, con una sola raíz, creciesen todos los frutos que come el hombre. Así, en la cabeza de esta planta tenía que estar el trigo; en sus costados, diez o cinco mazorcas de maíz y en la raíz, papas. Aquí ]a Pachamama había hablado protestando, coléricamente: '

--Yo no puedo dar tantos frutos. Más bien uno por cada planta con raíz aparte.

Desde esa vez la papa, el maíz y el trigo, son apartes con sus propias raíces. Si aquella vez la Pachamama no hubiera protestado para dar simultáneamente tantos frutos en una sola planta, con una sola raíz; también hoy las mujeres en cada parto hubieran alumbrado cinco o diez hijos, entre varones y mujeres. A esto, todos decíamos en coro:

--O sea, !carajo, íbamos a ser más hartos que las hormigas!

Y Matico decía:

--Zonzos si una planta iba a dar tantos frutos. ¿Por qué las mujeres no hubieran podido parir hartos hijos?

Había también otro preso, cuentero como Matico. El era del lado de Ccatcca, de la Comunidad de Ccamara. Este ccamara estaba preso por el robo de una tropa de llamas, que le había ocasionado a su compadre de matrimonio. Estos ccamaras, en la cárcel, eran hartos y bien machos . Algunos de ellos vivían con sus mujeres más en la cárcel- ellas cocinaban para todos sus paisanos que vivían juntos. De lo que nos contó este ccamara, sólo algunas cosas recuerdo Dice que en otros tiempos nuestro Dios era conocido por brujo y ladrón en este mundo. Estos eran tiempos cuando nuestro Dios tenía muchos enemigos que le perseguían:

--¿Dónde está ese brujo? ¿Dónde está ese ladrón?¿Por aquí pasó un ladrón brujo?

Y las gentes contestaban:

--Por aquí no pasó ningún brujo ni ladrón.

Así preguntando le buscaban por todas partes. En lo que andanban preguntando Pueblo tras pueblo un día estos enemigos se habían tropezado con San Isidro Labrador, cuando estaba sembrando trigo. Pero, rato antes. nuestro Dios había pasado por la chacra de San Isidro Labrador, dejándole un encargo:

--Si preguntan por mí, di: "Sí pasó, pero hace un año, cuando recién sembraba el trigo".

Al poco rato, los perseguidores de nuestro Dios, habían preguntado:

--;Por aquí no pasó un brujo, un ladrón?

Y San Isidro Labrador, había contestado:

--Sí pasó un brujo, pero hace un año, cuando recién sembraba este trigo. Hasta el trigo ya está maduro.

Así el trigo que estaba sembrando San Isidro Labrador, en un solo mirar, ya estaba para la trilla.

En otra ocasión, en tiempos atrás cuando las vacas eran de puro color negro, nuestro Dios, aburrido dé tanta persecución que le hacían, ocultó las vacas de sus enemigos, para ordeñar su leche. Y con esa misma leche--como agua bendita--roció a la tropa de vacas. Y de ese modo las vacas cambiaron de color, haciendo irreconocibles ante sus dueños. Entonces los dueños empezaron a caminar por todas partes:

--¿Qué será de mis vacas? No hay mis vacas. Hay unas vacas como las mías, pero su color es distinto.

A partir de entonces, los enemigos de nuestro Dios dejaron de perseguirle porque ya también empezaron a buscar las vacas, caminando pueblo tras pueblo.

De esta manera, eso de robarse las vacas había empezado con esta chanza que hizo nuestro Dios.

Bueno, estos ccamaras eran bien pendejos, por eso les decían azote de los pueblos. En la cárcel más que de nadie, había que cuidar se de ellos; se te acercaban y yo no sé cómo estos brujos, te sacaban aunque sea una aguja o tu trapito de limpiar el moco. Pero como nosotros también éramos paisanos, que estábamos presos por ladrones. ya éramos como amigos. Ellos en el pueblo de Urcos eran bien conocidos y nunca les faltaba cueros de lana para hilar. Siempre les traían, y los que no teníamos lana para hilar les ayudábamos. Pero estos pendejos ccamaras eran también interminables contando sus pendejadas.

Así, una vez a un ccamara, en el juzgado, cuando pasaba juicio oral, el juez le había preguntado:

--Oye fulano, si quieres salir libre, tu obligación es decir la verdad a este tribunal.

El ccamara había contestado:

--No, papá, como tú sabes, todos los pobres sabemos caminar. Yo nunca he robado esa vaca papá. Yo pasaba montado en mi caballo por e] canto de la comunidad y esa vaca había estado comiendo en una hondonadita Yo, por travieso, como jugando boté una de las puntas de mi lazo y !o dejé así arrastrándose. pero cuando llegué a mi casa, esa maldita vaca había seguido a mi lazo, tras mi caballo. Y ese rato, con intensa alegría, dije: !Gracias a nuestro Dios! Seguro esta vaquita nos está enviando él. Pensando así, papá, señor Juez, la degollé para comerla junto con toda mi familia. Como ves, papá, papacito, señor Juez, yo no soy ladrón. La vaca había seguido a mi lazo hasta
mi casa.



ROSA

Cuando llegué al Cusco después de estar en la cárcel de Urcos, trabajé durante varios meses en el Convento La Merced, abriendo puertas y ventanas a unos cuartos que daban a la calle y que ahora son tiendas en la avenida Sol. Trabajando aquí, en el descanso de las doce iba a almorzar al mercado de Cascaparo. En ese tiempo era soltero, pero ya con ganas de tener una mujer que me cocine. Yendo todos los días a almorzar a este mercado conocí a mi primera mujer, Rosa Puma. Ella era chupi qhatu, natural del ayllu de Sullumayu, que está en las alturas de Urpay, junto a Urcos. Era muy conocida en este mercado. Ella antes de mí, ya había tenido marido, pero la había abandonado. Como sabía cocinar y me atendía bien y ella estaba sin marido, la enamoré. Ella me aceptó y desde ese día dormí con ella en mi casa y en lo que venía a dormir o yo iba a su casa, también para dormir, una noche ella se vino a mi casa cargando su cama y sus ollas. Así empezamos a vivir haciendo un solo cuerpo, en mi cuarto, donde apenas entramos yo y sus ollas. Desde ese día pasaron dos meses. Entonces empezó la cosecha de papas en el ayllu de ella. De Sullumayu. empezamos a trasladar, en hartas llamas, la cosecha de papas a Urpay. En todos estos viajes ella me acompañaba y seguro que ella no estaba acostumbrada a caminar varias veces al día, de la quebrada a la puna. Y en uno de los viajes le dio mal viento, pues no podía caminar, estaba como paralizada. Y así, apenas llegué cargado de ella tras las llamas, hasta Huaro. Aquí los curanderos qué no hicieron para curarla. Fui a Urcos para comprarle medicamentos, hice de todo para que la curen; pero así habrá sido la suerte, no podía. A los tres días amaneció sin poder hablar y a nadie ya reconocía. La noche de ese día, su mal era peor, tenía fiebre y sudor frío y ya para el amanecer del cuarto día, sudando sudor frío, se estiró y allí murió. Para los gastos del entierro vendí las papas que estábamos juntando como nuestro pago, y la enterramos en el panteón de la capilla del Señor de Kaninkunka.




NOSOTROS LOS CARGADORES

Desde que soy cargador, día tras día, desde las cinco de la mañana, empiezo a trabajar cargando. En el mismo mercado central o del mercado a las casas, o cumpliendo con mis contratas. La carga siempre es variada, desde un paquete de panes o de ropa, hasta cajones, canastas de víveres o costales de papa. Esto depende de la fuerza, pero siempre hay que estar desafiando a la fuerza.

Aunque no es mucho, siempre hay para la casa, desde veinte o veinticinco hasta setenta soles por día. Pero para ganar setenta soles al día , hay que corretear por lo menos de veinte a veinticinco veces y estar mirando a todas partes buscando quién necesita un cargador. En el mercado o en las puertas de las tiendas, super market, hay que estar así. Antes, cuando sobraban fuerzas, se podía hacer una contrata en la estación del ferrocarril, sea para cargar o descargar del tren. Pero ahora no quieren, le miran a uno como a extraño y no le aceptan n. para ayudar, al ver que uno ya es viejo. Por eso estoy entre el mercado central y las calles, buscando carga. Pero no faltan algunas señoras, que en lo que me estoy poniendo comedido para cargar, me empujan:

--Tú ya eres viejo, ya no puedes, a descansar. Llamen a otro Joven.

Estas señoras ricas, bien vestidas, son las más regateadoras. A uno le hacen cargar del mercado o de las tiendas y ya en la puerta de su casa, sin preguntar el precio de la cargada, le botan de dos a tres soles. Por eso, muchas veces, con la cólera, dan ganas de hacer regresar la carga a donde se levantó. Y si uno reclama, peor; le dicen:

--Ya eres viejito, anda a descansar.

Eso dicen estas señoras, sin consideración, como si el estómago

Cuando por viejos, los cargadores no tienen ya ni fuerza para cargar sus propios huesos, doblados raras veces son recogidos al Asilo de Ancianos. Pero aquí piden papeles, partida de nacimiento, preguntan de dónde es uno, qué se llama, si tiene familiares. Si los paneles les gustan a ellos, te hacen ingresar, pero como ningún cargador tiene papeles de ninguna clase, nunca los reciben. Y así, en lo que van limosneando por todas las calles, mueren.

Por eso los cargadores siempre morimos andando, con las manos extendidas. Quizás algo de esto pase conmigo, quizá me atropelle un carro, me lleven al hospital y me hagan autopsia y de ahí me arrojen al panteón.

Cuando muere un cargador que no tiene a nadie en algún rincón de alguna calle o casa, alguien que le ve da parte a la Comisaría. Van los guardias para hacerlo llevar a la morgue. Si tiene familiares, ellos reclaman y lo hacen enterrar. Pero cuando no hay ningún reclamante, esa alma está tirada sobre una piedra fría, dos o tres días, en la morgue. De ahí la llevan para botarla a la fosa común, la tapan con poquita tierra, con su misma ropa, no hay hábito ni cajón; la botan como a perro callejero. En la fosa común están, va niños, ya mujeres, va viejos, amontonados como leña, unos encima de otros. Aquí es donde lo botan al cargador y a otros que no tienen familiares.

Así, hace poco, ví la muerte de un amigo cargador, llamado Purificación Quispe. Seguro que la carga le aplastó su pulmón, el murió escupiendo sangre en la Calle Belén, en el paradero los carros de Santo Tomás y Urubamba. Este alma Purificación Quispe estaba tirado sobre un amontonamiento de ichhu que descargaron de un camión; así muerto, estaba tirado casi todo un día. Ya al anochecer fueron guardias del Puesto de Santiago y lo hicieron llevar a la morgue. Çomo en la morgue no apareció ninguno de sus familiares hasta el segundo día, tuvieron que botarlo a la fosa común. Para no ver esta vida de cargador, yo, como viejo, quisiera que todos los cargadores que vivimos aquí en Cusco, viejos y jóvenes, nos juntásemos en un sindicato. Así haríamos una sola fuerza, con una sola voz. A ver si así se abren los ojos de la justicia hacia nosotros y viéndonos nos ayuden en algo y ya no moriríamos como perros, en las calles, arrastrando nuestros harapos tras la carga.

Así estamos nosotros los cargadores, en las calles y mercados, arrastrando nuestros harapos como condenados. Estos harapos se pueden remendar todavía, pero el hambre de nuestro estómago, no se puede remendar. Así estamos los cargadores, viejos y jóvenes

Para uno que conoce el sufrimiento que hay en las calles, ver a estos paisanos que no conocen la maña del sufrimientol en la ciudad, duele en el corazón. Porque aquí ellos son desconocidos, no tienen familiares y duerrnen donde pueden, en suelo pelado, en los tambos, en el portal de las chicherías, en el pasadizo del alojamiento Melgar. Y cuando está rayando la mañana empiezan a caminar en busca de carga. Ellos vienen porque en su comunidad no pueden ganar dinero; son pobres, trabajan la tierra sólo para ellos, y como no se puede comprar si no es con dinero ciertas cosas que faltan en la casa, como sal, azúcar, ají, herramientas para el trabajo, vienen en busca de trabajo. Y como tampoco aquí en la ciudad hay trabajo seguro, si no es la carga, se hacen cargadores para reunir dinero que les falta para las compras.


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