![]()
Un pequeno gran libro, que divertirá, sonrojará y también
hará rascarse la cabeza a más de uno. (Caretas 4-1-73).
En las "Tradidiones en salsa verde" está la manera en que
Palma hubiera querido escribir toda su obra. Cesar Miró (Suceso--26-8-73).
Descubren una veta oculta (u ocultada) de la literatura nacional. La edición
señala un hito en la sempiterna lucha contra la censura y la pacatería
monjil de Lima. Francisco Bendezu.
Bordea la tontería y el ridículo escandalizarse por lo que
se ha calificado como un desliz de Don Ricardo. Sus "Tradiciones en
salsa verde" deben verse dentro deI contexto global de su obra. Ismael
Pinto (Correo --- 9-9-73).
Palma, en sus relatos de salsa verde, establece un contacto íntimo
entre el lenguaje escrito y el lenguaje popular. Su realismo, en este sentido,
se anticipó con mucho a los escritores de nuestros días, lo
que es un mérito considerable... Jorge Basadre (Suceso 2-8-73).
![]()
>
Escondidas en copias mecanografiadas, o publicadas en ediciones plagadas
de errores e interpolaciones de mal gusto, las páginas que ahora
presentamos permanecieron durante mucho tiempo lejos del gran público.
Un errado concepto de moralidad que, como el mismo don Ricardo Palma dice,
confunde las palabras crudas con las malas acciones, impidió que
se conociese con la debida propiedad esta otra faz de la obra del Tradicionista.
La "decencia", que hizo que el término lisura
perdiera su primitiva significación --picardía, salero--para
quedar como sinónimo de "mala palabra" y relegada, por
lo tanto, al uso de las "clases bajas", es la que proscribió
de los libros el lenguaje popular, la que reemplazó el vocablo cotidiano
con los puntos suspensivos. La libertad en el lenguaje, et uso del término
preciso, de ta palabra cruda, tan común en nuestros clásicos,
desde la Celestina y el libro del Buen Amor hasta Quevedo, pasando por Cervantes--y
en otros idiomas Dante, Boccacio, Chaucer, Shakespeare, cedió ante
el convencionalismo y la mojigatería, el falso pudor que los
prohíbe mientras, por otra parte, acepta extranjerismos que, por
su poco arraigo en el pueblo, tienen duración efímera. Sorprende
constatar cómo una inmensa proporción de estas "malas
palabras" que consigna Ricardo Palma, subsisten en el habla popular,
con una vitalidad tan grande que parecen recién acuñadas y
que habla bien del acierto-del escritor que supo escoger palabras arraigadas
en el ánimo de los hablantes.
Nuestros libros han sido parcos y recatados en usar estos vocablos. Un investigador
que quisiera estudiar la "lisura" peruana en su historia, se encontraría
prácticamente sin material. Sólo en los últimos años,
al compás de las nuevas técnicas y de un realismo más
serio y más auténtico, es que el escritor recupera sus fueros.
Vallejo en poesía; en narrativa Arguedas--El Sexto, Vargas Llosa,
Reinoso, reponen la palabra cruda a su lugar. Así, no tiene ya el
público que sorprenderse al ver en letras de molde lo que
pronuncia todos los días, y así también, creemos, han
desaparecido las causas que impedían la publicación de las
Tradiciones en salsa verde. El tector podrá libremente gustar estas
páginas sin la mirada de reojo de antes, y sin el guiño y
la sonrisita nerviosa que delata lo prohibido.
Los originales de estas tradiciones, posiblemente escritas a fines del siglo
pasado, son de posesión de la señora Elsa Letts de Cohen.
Pero Palma, en 1904, obsequió a Carlos F. Basadre una copia mecanografiada.
Esta copia--explica el historiador Jorge Basadre, después de varias
peripecias, fue vendida a la Universidad de Duke, de Estados Unidos de N.A.
Años después, y gracias a la solicitud del historiador, esa
universidad envió un microfilm a la Biblioteca Nacional de estas
tradiciones así como de otras obras nacionales. Posteriormente el
microfilm ha sufrido clandestinas multiplicaciones para uso de estudiosos
y/o pícaros curiosos. Hemos visto una pequeña edición
de Huaraz o Huancayo, sin fecha; hemos óído de una edición
argentina con abundantes interpolaciones, y hemos visto diferentes versiones
mimeografiadas con numerosos errores y burdos agregados para complacer a
los que gustan del chiste barato. A base de la copia que existe en la Biblioteca
Nacional, nosotros hemos hecho una limpieza de texto, corrigiendo la ortografía
y poniendo al día ta acentuación, y ordenando el material
para que fuese claro y legible. Nuestra contribución no pasa de allí;
hemos respetado en lo posible el texto y creemos, por eso presentar una
edición aceptable, que deberá corregirse o ampliarse con la
contribución de los estudiosos en base a una confrontación
de los originales manuscritos.
Si se nos preguntase por el principal mérito de estas Tradiciones,
diríamos que es la frescura. Hace ochenta años o más,
Palma contaría en la intimidad de sus amigos y correligionarios estos
cuentos. Al fijarlas en el papel, conservó toda la gracia y picardía
del relato oral en las que es maestro insuperable. No todas tienen igual
mérito; en el conjunto hay algunas que destacan por la novedad de
la anécdota, o que completan la visión de alguno de los personajes
de nuestra historia, mostrando su lado jocoso, subrayando con malicia ciertos
detalles que contribuyen a mostrarlos más humanos, más reales,
más vivos. Hay otras de muy lograda elaboración, como Fatuidad
Humana donde las comparaciones graciosas, la incorporación de vocablos
extranos siguiendo la línea macarrónica, y las precisas pincetadas
para retratar a sus personajes, hacen de esta tradición digna de
figurar en una antología del autor.
Estas tradiciones, dispares quizá, aumentan el caudal narrativo de
Palma pero no agregan--ni menos amenguan-- un ápice al estilo y la
reconocida calidad del Tradicionista; completan, eso sí, la anécdota
histórica que Palma siempre ha gustado contar o inventar. Porque
no se puede concebir que nuestros oficiales o soldados entendieran las órdenes
sin las lisuras de estilo. Y cuentan los noveleros, siempre entre paréntesis,
que alguna batalla decisiva de la independencia del Perú se ganó
gracias al lenguaje varonil, la requintada precisa, la gramputeada oportuna.
Palma, en parte, llena este vacío. !Y quién mejor que el para
hacerlo!
La cobertura pone al alcance de un público más vasto y menos
mojigato estas Tradiciones en salsa verde que, esperamos, contribuiran a
dar una visión más amplia de la obra del Tradicionista, verdadero
testimonio de la historia, costumbres y alegría de su pueblo.
Francisco Carrillo
Carlos Garayar
![]()
PROLOGO A LA EDICION ELECTRONICA
Como si un prólogo y las mismas palabras del Tradicionalista no
bastaran para presentar esta obra me brindo la atribución de añadir
unas notas a modo de explicación y advertencia.
Si por allí alguién en la red se le ocurre buscar tres pies
al gato y preguntar porque pongo en la WWW semejante texto de Palma habiendo
otros tantos soberbios ejemplos en la lengua de Cervantes, pues mi unica
respuesta es porque estoy seguro que alguien pondrá algún
día dichas otras excelsas en la red pero se omitirán esta
joya por pura mojigatería. De que estas tradiciones "verdes"
tienen valor literario e histórico no queda duda y si encima de eso
nos hace matar de risa agradezcamos al señor (Palma) por dicho desliz
glorioso.
Si hasta aqui querido lector le queda algún ápice de duda
le afirmo que la obra puede ser ofensiva a un publico muy pacato y perniciosamente
cucufato. Si Ud. (Dios lo libre) cae dentro de esa categoria vayase a rezarse
100 PadreNuestros, 50 Ave Marias , comprese su estampita de Rafael Rey y
dejese de estar leyendo cosas profanas. No faltaba más!
Fidel Dolorier
UC Berkeley
dolorier@garnet.berkeley.edu (si es para insultar mejor ahorrese los bits)
A Don Carlos Basadre.
Sabe usted, mi querido Carlos, que estas hojitas no están destinadas
para la publicidad y que son muy pocos los que, en la intimidad de amigo
a amigo, las conocen. Alguna vez me reveló usted el deseo de tener
una copia de ellas, y no sabiendo qué agasajo le sería grato
hoy, día de su cumpleaños, le mando mis Tradiciones en Salsa
Verde, confiando en que tendrá usted la discreción de no consentir
que sean leídas por gente mojigata, que se escandaliza no con las
acciones malas sino con las palabras crudas. La moral no reside en la epidermis.
Mil cordialidades. Su viejo amigo
El Tradicionalista
Lima, Febrero de 1904